Esto no se abre ¿o sí?

—Esto no se abre.

—¿Cómo que no se abre?

—¡Que no!¡Que no se abre!

 

Pasas la tarjeta una y otra vez por la ranura.

Nada.

La puerta de vuestra habitación del hostal no se abre. 

—¿Vamos a recepción?

—Son las 8.15 de la tarde. Cuando llegamos no había nadie en recepción. Cierran a las 8.

 

Llamas por teléfono al hostal pero no da señal alguna.

Estás sin cobertura.

Entonces, bajas las escaleras a la planta baja.

¡Plig!¡Plag!¡Plog!¡Plug!

 

Eso son tus calcetines empapados diciéndote lo bien que se lo han pasado en Disneyland París, a pesar del diluvio que os ha caído al final.

Sales del hostal.

Sin señal.

Vuelves a entrar.

Subes las escaleras hasta la segunda planta donde está tu habitación.

¡Plig!¡Plag!¡Plog!¡Plug!

Sigues sin señal.

 

Empiezas a llamar a las puertas de las habitaciones vecinas hasta que…

…un huésped vecino te abre.

Le dices en inglés que no os funciona la tarjeta y no podéis entrar en la habitación. Que recepción está cerrada y que si puedes usar su teléfono para llamar al hostal.

Te mira con cara extraña y entonces recurres a los gestos.

Ahora sí te ha entendido.

Llamas por teléfono al hostal pero tu francés se entiende menos que un sudoku con número chinos.

Hablas en inglés pero te responden en francés y no entiendes ni una sola palabra.

 

Tu vecino de la habitación de al lado te ve la cara hecha un cromo, toma el teléfono y se pone hablar en francés.

Un francés mil veces mejor que el tuyo.

Otros vecinos se suman e intentan abrir la puerta con la dichosa tarjetita de los c*******.

Nada.

¡Que no se abre!

 

Ya han pasado dos horas y el pasillo del hostal parece una fiesta de pijamas.

Algunos huéspedes han dejado de ver la película en sus habitaciones y han salido a ver la película de dos españolas a las que parece acaban de tirarles dos cubos de agua por encima (en invierno), que no pueden entrar en su habitación y que hablan francés con una patata en la boca.

Se han sacado la botella de cerveza para acompañar.

Solo les falta las palomitas.

 

Por fin llega un empleado del hostal vestido de paisano.

Tiene una tarjeta en la mano.

La pasa por la ranura y ¡voilà!

La puerta se abre.

 

Si no llega a ser por el huésped vecino que hablaba francés hubieseis tenido que dormir en el pasillo.

O pedir unas cervezas a tus vecinos, continuar la fiesta y pillar un resfriado.

Hablar el mismo idioma te puede abrir muchas puertas.

Como las de la mente de tu cliente. 

Para meterse en su cabeza, aquí:

Curso de Storytelling Disruptivo Para Generar Ventas

 

Nuria León.

Que tengas un día redondo.

P.D. Pasa por el enlace para ver de qué va el curso de storytelling. Y si te interesa, pasa tu tarjeta que esa sí que funciona.

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