El valor no da de comer: confesiones de una que no vio al gorila

A veces, estamos cegatos perdíos cuando…

…nos centramos mucho en una tarea en particular.

…buscamos respuesta a una cosa (y nos olvidamos de otras más importantes).

…pasamos por alto esas cosas que están frente a nuestras narices.

A veces, estamos tan cegatos que no reconocemos ni nuestra ceguera.

Y caemos en la falacia de la obviedad. 

 

Para que lo veas, te pongo un ejemplo.

Probado.

Es un experimento que realizaron dos psicólogos: Daniel Simons y Christopher Chabris.

Se llama El gorila Invisible y ahora verás por qué.

Estos dos psicólogos presentaron un vídeo a varios de sus alumnos en la Universidad de Harvard.

En el vídeo, unas personas con camisetas blancas y otras con camisetas negras se pasan un balón de baloncesto.

Pidieron a los alumnos que contaran los pases de balón del equipo de camisetas blancas y que ignoraran los del equipo negro.

Entre pase y pase, entra en escena una alumna disfrazada de gorila que camina lentamente, se detiene, se golpea el pecho y desaparece.

El gorila aparece en el vídeo por 9 segundos.

Pero el 70% de los alumnos no lo ve.

¿Cómo pueden no verlo?

¿Qué es eso que hace que el gorila se vuelva invisible?

Contar los pases de balón del equipo blanco es una tarea difícil y absorbente.

Es muy probable que quien la realice se vuelva ciego.

En cambio, es casi imposible que quien vea el vídeo sin tener que realizar esa tarea se le escape la presencia del gorila.

 

Este error de percepción se llama ceguera por falta de atención.

Cuando dedicamos nuestra atención a una tarea en particular, tendemos a no advertir cosas que no esperamos, aun cuando estas sean importantes y aparezcan justo delante de nuestras narices.

¿Y sabes lo más sorprendente?

Cuando los alumnos vieron el vídeo por segunda vez, sin estar pendientes de los pases de balón, algunos acusaron a los profesores de haber cambiado el vídeo.

No podían creer no haber visto al gorila.

Somos así.

 

Este estudio del gorila ilustra dos hechos importantes sobre nuestras mentes.

Una: podemos estar ciegos para lo evidente.

Dos: además de estar ciegos para nuestra ceguera.

 

¿Te lo digo porque soy un ente marciano superior con la vista de un lince?

No.

Te lo cuento porque a mí me ha pasado.

Por un tiempo estuve cegata perdía.

No veía lo más obvio. Lo más importante de todo.

Solo me centraba en una tarea: crear  «contenido de valor».

En mi web, en publicaciones, en vídeos…

Una tarea difícil y absorbente. Muy absorbente. Insostenible en el tiempo.

 

Entonces, hice mi propia interpretación de lo que creía era contenido de valor,

de lo que veía por redes,

y de lo que me decían los gurús.

¿El resultado?

Hostiazo del quince (pues eso a lo que llaman «valor» no da de comer).

Si regalas valor valor, la gente se va a acostumbrar a que ese valor se lo des gratis.

No van a valorar el valor.

El valor acaba teniendo nada de valor.

Valor cero.

El contenido de valor es el que, además de enseñar, sabe venderse.

Y para saber venderse hay que saber comunicarlo.

Es lo obvio que mucha gente pasa por alto.

Como una vez hice yo.

Porque si yo que soy torpe, cabezota (muy mucho) y estuve cegata perdía, lo he aprendido y estoy ganando dinero con ello…

¿Por qué no ibas a aprenderlo tú?

Curso de storytelling disruptivo para generar ventas

Nuria León.

P.D. Las realidades más importantes y obvias son a menudo las que más nos cuesta ver. 

Scroll Up