Tu negocio ya es diferente porque tú eres diferente. Esa no es la cuestión. La cuestión es…

¿Te atreves a destacar*?

* Curso de Storytelling Disruptivo Para Generar Ventas.

*Esto es para gente que sabe lo que quiere conseguir con su negocio y va a por ello, gente con ética, algo de terquedad y un poco de imaginación, gente que hace cosas que dan miedo hasta que no dan tanto, gente que se cae y se levanta, gente común que simplemente se atreve.

Las vecinas se rieron a carcajadas cuando…

…mi abuela dijo que quería ir al campo a por caracoles para cocinarlos y entonces sucedió algo que se quedó grabado en mi cabeza. Algo que aplico a mi vida y a mi negocio. Quizá, si sigues leyendo, tú también lo recuerdes y entiendas su valor para tu vida. También para tu negocio.

Tenía 7 años cuando vi por primera vez a mi abuela tan seria.

¿De qué se reían, abuelita? ¿Les has contado un chiste? le pregunté mientras ella cerraba la puerta de casa. No dijo ni mu.

«¡Qué extraño!» pensé,

porque mi abuela hablaba por los codos y siempre estaba con una sonrisa de oreja a oreja. A los 15 minutos, me dijo:

—Llama a tus amigas. Mañana nos vamos al campo. Y que se traigan sus cubos de playa.

—Yuhuuuu!!

Eso iba a ser fácil. Mis amigas siempre me preguntaban…

¿Cuándo viene tu abuela Argimira, Nuria?

Y es que con mi abuelita eran todo risas, juegos, paseos por el campo… y ahora, ¿cubos de playa para ir al campo? ¿Qué nos tendría preparado? 

A las 10 en punto del día siguiente…

…se presentó el pelotón de amigas frente a casa. También venía mi hermanito de 2 años y medio, que, aunque ya andaba de la mano, nos llevamos su carrito.

Y en el carrito, mi abuela puso dos raquetas de madera. De esas antiguas que pesaban un quintal. ¿Jugaríamos al tenis? También agarró una bolsa de sal y una botella de agua.

“Qué juego tan extraño”, pensé. Y quizá tú también estés pensando lo mismo y, si sigues leyendo, entenderás a qué viene todo esto y qué tiene que ver con destacar un negocio.

La noche anterior había llovido, pero ahora….

…ahora brillaba el sol, era primavera. Nos fuimos al campo cerca de mi barrio. Mi abuela sacó de su bolsillo una bolsa de plástico y la puso en el suelo. Vertió un poco de agua. Luego, sal. Y nos dijo:

—Pasad los bordes del cubo por la sal humedecida.

Todas seguimos sus instrucciones. Hicimos un corro.

—Ahora, escuchad. Tenemos que buscar matorrales. Pero no cualquier matorral. La misión es encontrar matorrales que estén cargaditos de caracoles. Cuando veáis alguno, me llamáis y os enseño cuál es el siguiente paso.

El pelotón se dispersó para cumplir la misión. A los 5 minutos…

¡Argimira! ¡Aquí, aquí!

Gritó una de mis amigas señalando un matorral. 

Mi abuela salió disparada como una bala con la raqueta en la mano. La seguimos. Nos dijo que pusiéramos los cubitos debajo del matorral.

Y empezó a jugar al tenis… ¿con la mata?

¡Qué risas!

“Y qué juego más extraño” pensé.

Los caracoles empezaron a caer a montones dentro de los cubos.

Repetimos la operación de mata en mata durante tres días. Y todos «jugamos» al tenis.

Una de las veces…

…mi amigas se giró hacia mi hermano, que familiarizado con este plato de la gastronomía española, tomaba un caracol de uno de los cubos y…

 —¡No, Pedrito, noooo! ¡Qué aún no está cocinado!

Mi amiga consiguió de un manotazo arrebatarle el caracol a dos centímetros de la boca.

Entiendo que puedas estar pensando…

 “¡Puag! ¿caracoles?”

Pues sí.  En España, Italia y Francia se comen caracoles. En México chapulines y en Tailandia escorpiones. Hasta los romanos comían caracoles y los consideraban un manjar para la salud. Eso sí: los odias o te encantan. A mi madre, a mi hermano y a mí, nos chiflan. Mi padre se gira hacia otro lado cada vez que los comemos.

Total.

A los tres días, teníamos dos cubos de fregona llenos de caracoles. Durante una semana mi abuela estuvo cambiándoles el agua y alimentándolos con ramitas de romero, hinojos y hojas de laurel. ¡Era un auténtico hotel de caracoles!

—Durante la guerra, iba con mi hermana al campo a coger caracoles. Nos quedábamos unos pocos para cocinarlos y el resto lo vendíamos en la plaza del pueblo. Eran tiempos de hambre y el dinerillo que hacíamos con ellos nos venía muy bien —me decía mientras les daba de comer.

Mi abuela sabía lo que hacía.

Y llegó el día de cocinarlos. 

Mi abuela era muy buena cocinera. Se ponía el delantal y hacía maravillas. 

Tomó dos ollas grandotas de caracoles y las puso al fuego. Se cocinarían por al menos dos horas. Le echó todo tipo de especies.

—Abuela, esos son muchos caracoles.

—Sí, muchos —se quedó mirando fijamente las ollas.

Llamó a mi madre.

—Ahora vuelvo.

Y se fue. 5 minutos, 10 minutos, 15 minutos… 

Mi abuela no aparecía.

—¿Sabéis dónde ha ido mi abuela? pregunté a mis amigas que estaban en mi jardín esperando la gran recompensa. Sobra decir que a ellas les gustaba comer caracoles (cocinados).

—Creo que ha ido a casa de algún vecino. ¡Ah! Mira por ahí viene.

Mi abuela volvía con una de las vecinas que se había reído a carcajadas una semana antes.

Y de repente, como de la nada, empezaron a aparecer vecinos por todos lados. Vecinos que querían probar los caracoles. Vecinos que hacía tiempo que no veía. Vecinos que veía todos los días. También las vecinas de las carcajadas. 

Los caracoles ya estaban listos. 

Para empezar, mi abuela repartió con honores unos vasitos llenos de caracoles a todos los que formamos parte del Pelotón Caracol.  

Sentada en el escalón de mi porche, con mi vasito de caracoles en la mano, vi las caras de mis amigas. Estaban disfrutando. Y entonces…

Entonces probé los caracoles. Mmmm…. 

Y entendí este “juego” tan extraño.

Entendí por qué mi abuela ponía sal en el borde de los cubitos para que los caracoles no se saliesen.

Entendí por qué jugaba como una loca al tenis con los matorrales para ahorrar el trabajo de cogerlos uno a uno.

Entendí por qué los tuvo en el hotel de caracoles por una semana para que se limpiasen por dentro y tuvieran mejor sabor.

Entendí por qué ese día mi calle se llenó de vecinos. No veía la calle con tanta gente desde las fiestas de agosto de mi barrio.

También entendí por qué no pude repetir. Nadie pudo. Aunque queríamos, no pudimos. Todos nos quedamos con ganas de más. Un vasito por vecino. Eso fue todo.

Por un momento pensé: “si no hubiese invitado a tanta gente…”. Pero vi a mis vecinos tan a gusto incluso los más siesos parecían agradables, hablaban con otros vecinos, se reían (y ya no de mi abuela).

Y entonces entendí que los caracoles así sabían mejor. Y que mi abuela podía hacer maravillas. Y no solo en la cocina. Y aprendí que…

Marcar la diferencia requiere valor.
Saber cómo hacerlo.
Y hacerlo.

Cada persona es diferente, cada negocio también. La cuestión es que uno debe saber cómo contar eso que le diferencia del resto si no quiere acabar diciendo lo mismo que todo el mundo.  

No saber contarlo es sumergirse en el ruido. Y así es difícil que lleguen las ventas.

Saber cómo contar esa diferencia puede marcar toda la diferencia en tu negocio. También en tu vida.

Entonces, ¿te atreves a destacar?

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Lo que te voy a contar en este curso:

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Módulo 6. Técnicas para que surjan chispitas

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Preguntas frecuentes

¿Para quién es este curso?

Para quienes quieren aprender storytelling para potenciar sus marcas, diferenciarse y vender ya sea en sus redes, blog, web… Es un curso muy completo sin palabros ni tecnicismos para que conozcas y aprendas de manera amena a manejar con destreza esta disciplina.

En caso de duda, ¿tienes soporte?

Sí. Si tienes alguna duda (que te surgirán) solo tienes que enviar un email a la dirección que te indico en el curso y la resolveré personalmente tan pronto como me sea posible, normalmente antes de 24 horas. El soporte es exclusivo de este curso y no tiene límite de tiempo.

¿Lo tienes disponible en formato físico?

No. Se enviará en formato digital PDF y recibirás un email con acceso inmediato.

¿Tienes garantía de devolución?

No. Si no tienes claro que yo pueda enseñarte sobre cómo contar historias en redes, web y otras plataformas, mejor no compres este curso y nos ahorramos problemas.

¿Es una buena inversión para mi negocio el storytelling como estrategia de comunicación y marketing?

Por supuesto. Aprender esta disciplina es fundamental si quieres diferenciarte, conectar con tu audiencia y atraer clientes. 

Según la Harvard Business Review el storytelling es la herramienta de comunicación más importante de nuestro siglo para tener éxito en los negocios. La decisión es tuya.

Hoy día la gente es más resistente al marketing de interrupción. Odia que le vendan pero le encanta comprar y también le encanta las historias. Con esta formación aprenderás a cómo comunicar con historias tu diferencia para aumentar tus ventas.

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